lunes, 25 de enero de 2010

El FMI y la deuda del Tercer Mundo

¿Ayudas?

El FMI es una institución financiera, no de desarrollo. No realiza préstamos a largo plazo, sino a medio y corto, los cuales deben ser devueltos de forma “preferente” respecto a otros préstamos públicos o privados que un determinado país pueda tener suscritos. Los créditos que otorga la institución son “de carácter condicional y dependen de que el país prestatario interesado adopte las medidas contempladas para corregir el problema de balanza de pagos”, especifica la propia organización. Además, de su decisión depende también que un país necesitado de liquidez reciba fondos de otras instituciones, como el Banco Mundial o la Unión Europea, ya sean públicas o privadas.

Artículos relacionados:
Hasta 1996, cuando entró en vigor la Iniciativa para los Países Altamente Empobrecidos (PPME), el FMI no había puesto en marcha ninguna medida específica para el alivio o la cancelación de la deuda de los países pobres. Cuando al fin se hizo, el objetivo era evitar que estos tuvieran que enfrentar una deuda insostenible, imposible de afrontar. En 1999 se acordó la puesta en marcha de la iniciativa PEAE reforzada (PPME II). Este segundo decreto incluía Estrategias de Reducción de la Pobreza, con el objetivo de que los recursos que un determinado país se ahorraba por la iniciativa PEAE en concepto de deuda se destinasen a la puesta en marcha de medidas para paliar la pobreza, como salud y educación. Sin embargo, para acceder a estas ventajas, el país en cuestión debe acatar las políticas económicas dictadas por el FMI. Es decir, privatizaciones, liberalización de los mercados de capitales, subida de los tipos de interés y apertura de los mercados.

En 2004, eran 27 los países que se beneficiaban de esta iniciativa. Sin embargo, según el Observatorio de Deuda en la Globalización, la deuda cancelada gracias a esta iniciativa hasta finales de 2002 no llegaba al 10% de la deuda total que los países muy empobrecidos tienen con el FMI y “es inferior al 2% de la deuda total que todos los países de la periferia tienen con el FMI”.

En 2005, el G8 (a excepción de Rusia) decidió también aliviar la deuda que los países más pobres tienen con ellos debido a préstamos concedidos por el FMI y el Banco Mundial. Para ello, estos países debían cumplir una serie de condiciones: “afrontar la corrupción, impulsar el desarrollo del sector privado” y eliminar “los obstáculos a la inversión privada, tanto local como extranjera”. El periodista inglés George Monbiot criticó que se esgrima la corrupción como motivo para no ayudar a un país, cuando el G8 apoya a otros gobiernos corruptos. Como los de Ruanda y Uganda, responsables de un saqueo de minerales en el este del Congo que ya ha costado cuatro millones de vidas, pero, sin embargo, citados por los Gobiernos occidentales como practicantes de la “buena gobernanza”. “Incluso, Gran Bretaña ha rechazado condicionar la ayuda oficial al desarrollo a estos países a su retirada de la RDC”, añade Monbiot. “Cuando los ministros de finanzas dicen “buena gobernanza” y “eliminar los obstáculos a la inversión privada”, lo que realmente quieren decir es comercialización, privatización y liberalización del comercio y los flujos de capital, critica.

En 1.973, se ofrecían a los países pobres préstamos al 3% de interés. Ocho años después, las tasas de interés aumentaron hasta el 16%, y durante esa década se produjo la quiebra de numerosos países del Tercer Mundo. En medio de la crisis que sacudió al este de Asia a finales de los 90, Japón había propuesto la creación de un Fondo Monetario Asiático, el cual suministraría liquidez a los países afectados, pero EEUU y el FMI se negaron a que existiera una institución que acabara con el monopolio del Fondo.
A finales de los 80, el FMI y el BM presionaron a Uganda para que eliminara la gratuidad de la sanidad y la educación pública. Pero el presidente Museveni se vio obligado a reinstaurar ambos servicios públicos ante el descontento social. A causa de ello, según el periodista inglés George Monbiot, “el Banco Mundial y el FMI –cuyo control está en manos de los países del G8– estaban furiosos. En el encuentro de donantes de abril de 2001, el jefe de la delegación del Banco dejó claro que, como resultado del cambio de política, ahora veía al ministro de salud como una “mala inversión”.

En 1997, el FMI se empeñó en llamar la atención a Etiopía, cuyo presidente, Menes Zenawi, tras haber sacado al país de una enorme crisis, gastaba el dinero que recibía mediante préstamos en construir escuelas y hospitales, en vez de reservar parte del mismo como reservas. Por ello, el Fondo acabó retirándole la ayuda. Según afirmó Stiglitz en El malestar en la globalización, el objetivo del FMI era “que Etiopía abriese sus mercados financieros a la competencia occidental y dividiese su mayor banco en diversas fracciones, que difícilmente soportarían a competidores como Citybank o Travelers”. Algo a lo que, menos mal, Etiopía se negó.

Entre 1.992 y 1.993, el Fondo presionó a Ecuador para que privatizara empresas estatales y elevara los precios de los combustibles, la energía eléctrica y la telefonía. En esa época, la deuda del país creció de manera desorbitada. Los préstamos que el país recibió no se utilizaron en beneficio del mismo, sino que fueron utilizados como “un mecanismo de los bancos internacionales para saquear los recursos del país”, según Karina Sáenz, auditora del actual Gobierno ecuatoriano sobre la deuda. Según su informe, gran parte de la deuda actual del país es ilícita. El presidente Rafael Correa, que ordenó auditar la deuda del país desde 1976 hasta el año 2005, afirma que no será pagada porque es “ilegítima, corrupta e ilegal”, y la Fiscalía del Estado iniciará un juicio en tribunales internacionales para denunciarla.

En 1898 se acuñó por primera vez el concepto de deuda odiosa, durante la celebración de un tratado de paz entre EEUU y España acerca de la responsabilidad por el pago de la deuda cubana contraída bajo el régimen colonial español. Los bancos españoles habían prestado un dinero a los mandatarios cubanos que estos no habían utilizado en provecho de la población. Las autoridades de norteamericanas argumentaron durante el litigio que, si el pueblo de Cuba no había sido beneficiado, no existía deuda pública. Y Cuba no tuvo que pagar nada.

Varios jueces y árbitros internacionales utilizaron desde entonces este concepto a la hora de resolver los conflictos en los que se cuestionaba la obligación de pagar una deuda pública cuando un Gobierno que sucedía a otro la heredaba. En estos litigios se estableció que tales deudas son repudiables y, por tanto, no deben ser pagadas. Veinte años después, el profesor ruso de Derecho Nahum Sack, afirmó en un libro suyo (Les effets de transformations des États sur leur dettes publiques et autres obligations financières) que, en principio, las deudas heredadas debían ser asumidas como propias por los nuevos gobiernos o soberanías, ya que trataba de obligaciones contraídas por un Estado que se había beneficiado de ellas. Sin embargo, la norma no era exigible cuando el dinero prestado no había tenido como destino las necesidades de la nación, sino, por el contrario, había sido utilizado por un régimen despótico en beneficio propio y bajo el conocimiento del acreedor.

En 1.923, el ex presidente de Costa Rica, Federico Alberto Tinoco Granados, abandonaba el país con 100.000 dólares. Además, había otorgado durante su mandato otras cantidades a familiares y amigos, de manera que el monto total recibido mediante préstamos alcanzó los 250.000 dólares. Dinero prestado por el banco inglés Royal Bank of Canada. Varios años después, el banco pretendió que el país abonara la deuda, pero su presidente, Francisco Aguilar Barquero, se negó y el asuntó acabó en los tribunales. Gran Bretaña presionó en las instituciones internacionales para lograr el pago a la empresa. El árbitro del conflicto fue el ex presidente norteamericano William Howard Taft, quien argumentó que la deuda era privada y no pública, al no existir un “público” beneficiario de la misma. De esta manera, Costa Rica fue eximida de su pago.

Participación española
España utiliza dos mecanismos destinados, en principio, a aliviar la deuda de los países pobres y acabar con la pobreza. Son los créditos FAD (Fondos de Ayuda al Desarrollo) y los seguros CESCE (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación). Los primeros son recursos que se otorgan a los países empobrecidos con la condición de que se destinen a la compra de bienes y servicios españoles. Por su parte, los seguros CESCE compensan a las empresas españolas ante el impago por parte de otras empresas o Estados que las hayan contratado para realizar alguna labor fuera de España. En este caso, el Estado español cubre parte de las pérdidas, y convierte la deuda contraída con la empresa española en deuda pública. “Así, en caso de que la operación resulte fallida, CESCE paga a la empresa exportadora española prácticamente la totalidad del importe de la operación, por lo que esta sale casi indemne del impago. Finalmente, CESCE acabará reclamando la deuda originada por este impago a la administración del país dónde se realizó la importación”. De esta manera, lo que inicialmente era una deuda privada entre un exportador español y un importador de un país periférico acaba convirtiéndose en deuda pública entre estados, critica el Observatorio de Deuda en la Globalización (ODG).

-->
Las cifras de ambos proyectos son consideradas como Ayuda Oficial al Desarrollo, denuncia ODG, cuando en torno a la mitad de los recursos que se otorgan por estos mecanismos retornan a nuestro país en concepto de deuda e intereses. Según esta organización, de esta manera “la política española de gestión de la deuda prioriza claramente los intereses empresariales españoles por encima de los compromisos internacionales de erradicación de la pobreza” a través de ambos mecanismos. Critica que, durante los ocho años de Gobierno del Partido Popular (1996-2004), se incrementó notablemente su uso, algo que continúa ocurriendo ahora con el ejecutivo socialista de Rodríguez Zapatero. Así, el volumen de ayudas CESCE ha aumentado en un 105%, y el de los créditos FAD en un 33% desde 1996. “Sólo en el año 2000, año de importantes movilizaciones en todo el Estado y en todo el mundo a favor de la abolición de la deuda externa, la Administración de Aznar ingresó una cantidad por servicio de la deuda 7 veces superior a las cancelaciones de deuda que ella hizo. Atendiendo a estos datos nos tendríamos que preguntar quién está financiando a quién”, concluye ODG.

Críticas a la institución
“Los países endeudados se ven obligados a destinar gran parte de sus presupuestos a pagar la deuda, de manera que no pueden realizar inversiones en infraestructuras, sanidad o educación”, lo cual les impide abandonar la pobreza, afirma Alberto Acosta, catedrático de la Universidad Central de Ecuador. “El FMI y sus aliados procuran una apertura acelerada de los países subdesarrollados mientras los países ricos, expertos en prácticas proteccionistas, se aprovechan de los mercados desprotegidos. El FMI no ha estado dispuesto a corregir sus equivocaciones, a pesar de haberlas reconocido en repetidas ocasiones. Y tampoco duda en culpar a las víctimas de sus políticas por no haber aplicado la receta completa...”

“Los críticos acusan a la institución de enfocar la economía como si se tratase de un molde para hacer galletas, y tienen razón, opina Stiglitz. Se ha sabido que equipos de trabajo para un país han redactado borradores de informes antes de visitarlos”. 

Stiglitz afirmó en su libro Lo que aprendí de la crisis mundial: “Yo fui economista principal del Banco Mundial desde 1996 hasta el mes de noviembre de 1999, durante la más grave crisis económica global en medio siglo. Pude ver cómo el FMI, en tándem con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, respondió a esa crisis. Y quedé horrorizado”. Para Stiglitz, “está claro que el FMI ha perdido toda su legitimidad política. Sus presiones y recetas hicieron que la crisis asiática fuese mucho peor y condujeron al desastre a países como Argentina”. Por ello, reclama una reforma que permita democratizar la institución.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Fracaso y decepción en la defensa del clima

Los líderes mundiales defraudan al mundo con un acuerdo insuficiente promovido por EEUU y China. Las ONG denuncian que el compromiso alcanzado no es justo, ambicioso ni vinculante.


Artículos relacionados:
 
La Cumbre sobre Cambio Climático celebrada en Copenhague concluyó sin cumplir las expectativas creadas. A última hora, cinco países (Estados Unidos, China, Brasil, India y Sudáfrica) promovieron un acuerdo que no ha resultado ni ambicioso ni vinculante. No establece cifras concretas de reducción de emisiones ni la obligatoriedad del compromiso. El documento sólo reconoce que el cambio climático es “uno de los grandes retos de nuestro tiempo”, que el aumento de la temperatura hasta 2020 no debería superar los dos grados y que las emisiones contaminantes deberán alcanzar su máximo “lo antes posible”.

Obama afirmó que el acuerdo "no será legalmente vinculante, pero cada país enseñará al mundo lo que está haciendo". Antes del próximo 1 de febrero, todos los países deberán presentar sus cifras de reducción de emisiones. Menos mal que, al menos, el texto establece un compromiso de financiación para los países en desarrollo, aunque no se indica claramente si dichos recursos serán adicionales de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Hasta 2012, los países desarrollados donarán a los subdesarrollados 10.000 millones de dólares anuales para ayudarles a enfrentar el cambio climático. Sin embargo, Martin Kaiser, de Greenpeace Internacional, considera que "la calderilla prometida como fondos iniciales no es suficiente para hacer frente a la lucha contra el cambio climático". Las ONG rechazaron de plano el acuerdo impulsado por EEUU. "La ciudad de Copenhague es hoy el lugar del crimen climático, con los culpables huyendo avergonzados al aeropuerto", manifestó Greenpeace.

La cumbre quedó monopolizada desde el primer momento por los dos principales países contaminantes, China y Estados Unidos. La Unión Europea había intentado llevar la delantera en las negociaciones y ofreció al inicio de la cumbre un compromiso de reducción de emisiones de un 20%, incluso de un 30% si el resto de países decidían llegar más lejos. Brasil, por su parte, llegó a ofrecer hasta casi un 40% de recorte. Sin embargo, el acuerdo fue enquistándose con el paso de los días debido a la negativa china de permitir la auditoría de sus emisiones. Estados Unidos respondió afirmando que, si China no permitía la entrada de observadores internacionales en su territorio, no firmaría ningún acuerdo que resultara obligatorio. El enviado de Obama, Todd Stern, llegó a decir, incluso, que su país no tenía pensado compensar a los países pobres, y que China no recibirá dinero público de EEUU para adaptarse al cambio climático.

Obama se presentó en Copenhague con una oferta de reducción de emisiones que no superaba el 4% de cara a 2020 respecto a 1990, proyecto que aún no ha sido ni siquiera aprobado por el Senado norteamericano. Por ello, Estados Unidos trató desde el primer momento trasladar la presión a China. El presidente venezolano, Hugo Chávez, calculó que el presupuesto militar de EEUU alcanza los 700.000 millones de dólares, y pidió a Obama que solamente con dedicar la mitad a salvar el clima “bastaría”. El tiempo se agotaba y nadie quería quedar como el que impidió un compromiso para salvar el clima, por lo que las exigencias del acuerdo se fueron rebajando al mínimo. Quien más de su parte puso para alcanzar un acuerdo fue el presidente brasileño Lula de Silva, a pesar de que su país está en pleno proceso de desarrollo. "Si es necesario que hagamos más sacrificio, Brasil está dispuesto a poner dinero para ayudar a otros países, lo haremos. Lo que no estamos de acuerdo es que las principales figuras del planeta firmen cualquier papel sólo para decir que han firmado un acuerdo", afirmó Lula.

Cuando parecía que la cumbre concluiría sin un compromiso, el presidente norteamericano pactó con el primer ministro chino, Wen Jiabao, que los países en desarrollo realizarían su propia "medición, declaración y verificación de sus emisiones", aunque aceptaban un sistema de “consultas y análisis internacionales”. Mientras, los países desarrollados "se comprometen a presentar objetivos de reducción de emisiones antes del 1 de febrero de 2010". "Estas reducciones y la financiación a los países en desarrollo serán declaradas, medidas y verificadas" por la ONU, establece el pacto. Al acuerdo se sumaron India, Brasil y Sudáfrica. La Unión Europea no tuvo otra opción que aceptar este insuficiente compromiso ante la amenaza de marcharse de la capital danesa sin acuerdo. Entonces, el documento fue redactado por un grupo compuesto por representantes de 28 países, entre los que se encontraba España. Los países africanos apoyaron el texto sólo porque, al menos, incluye el compromiso de financiación para los países en desarrollo. Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba y Sudán se opusieron porque consideraron ilegítimo un acuerdo alcanzado por una minoría de países y sin el amparo de la ONU. "Las negociaciones han sido decepcionantes, han dejado de lado a la mayor parte de los países", afirmó Pablo Cotarelo, de Ecologistas en Acción.

A todas luces, el texto resulta insuficiente. "El acuerdo no sirve para el objetivo de los dos grados", admitió el presidente de turno de la UE, Fredrik Reinfelt. "Sabemos que el avance no es suficiente y que queda mucho camino por hacer", añadió Obama. "El documento no es todo lo ambicioso que la UE hubiera deseado, pero la única alternativa que teníamos era el absoluto fracaso", dijo la ministra española de Medio Ambiente, Elena Espinosa. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, manifestó que intentará convertir el acuerdo alcanzado "en un tratado legalmente vinculante en 2010". Lo cierto es que se ha tirado por tierra el trabajo de más de 20 años. Las emisiones seguirán creciendo descontroladamente. Algunos aprovecharán para contaminar ahora todo lo posible, no vaya a ser que más adelante se alcance un acuerdo mínimamente exigente. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, mostró su "decepción por la ausencia de un objetivo de reducción de las emisiones de gases efecto invernadero en un 50% para 2050, necesaria para limitar el aumento de la temperatura del planeta en dos grados".

Las ONG, por supuesto, no quedaron tampoco satisfechas con el compromiso alcanzado. Antes de la cumbre, las organizaciones demandaban un acuerdo justo, ambicioso y vinculante, todo lo contrario al que se ha alcanzado. "El acuerdo es un triunfo de la propaganda por encima de la sustancia. Reconoce la necesidad de mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados, pero no compromete la manera de hacerlo", criticó el director ejecutivo de Oxfam Internacional, Jeremy Hobbs. Mar Asunción, responsable de Cambio Climático de WWF Adena, afirmó que “los líderes mundiales nos han defraudado”.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Atasco en Copenhague

 Estados Unidos pretende bloquear un posible acuerdo para evitar indemnizar a los países pobres por sus dos siglos de emisiones. El G-77 se niega a abandonar Kioto.



Artículos relacionados:

El tiempo se acaba en Copenhague y las negociaciones siguen aún estancadas. Yvo de Boer, secretario de la ONU para esta Cumbre, ya reconoció el martes que las negociaciones avanzan "muy lentamente". El martes se barajaron varios borradores de acuerdo, pero ninguno de ellos contenía cifras concretas de reducción de emisiones ni especificaba el grado de obligatoriedad del proyecto. “Los países ricos no se han mostrado hasta ahora dispuestos a ceder en financiación climática o en metas de reducción de emisiones", manifestó Jeremy Hobbs, de Oxfam Internacional. "Necesitamos con urgencia que los líderes del mundo cojan el toro por los cuernos y resuelvan estos temas ahora", añadió.  

Falta voluntad para salvar el planeta. Como ha recordado el presidente venezolano, Hugo Chávez, "si el clima fuese un banco, ya lo habrían salvado". "No tenemos otro año más para discutir, la naturaleza no negocia con nosotros", advirtió el secertario general de la ONU, Ban Ki-moon. A partir de hoy entran en escena los ministros de gran parte de los países del mundo. Por su parte, los líderes de 110 naciones llegarán mañana jueves a Copenhague y dispondrán de apenas 24 horas para llegar a algún acuerdo que permita salvar el planeta. El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, aún no ha confirmado cuándo asistirá a la capital danesa.

Todd Stern

Lo cierto es que el principal obstáculo para el logro de un acuerdo son los dos principales países contaminantes: Estados Unidos y China. Mientras el gigante asiático se niega a que la ONU audite sus emisiones, Estados Unidos se escuda en esta negativa china para ocultar que no pretende presentar un plan de financiación a largo plazo dirigido a los países en vías de desarrollo porque sabe que el Senado norteamericano lo vetará. Y es que China es un país en desarrollo, y la Administración estadounidense se niega a que dinero suyo vaya a parar a su principal competidor comercial. "No veo dinero público de EE UU destinado a China", afirmó Todd Stern, quien además añadió que no piensan "reparar ni pagar ninguna deuda" por sus emisiones durante todos estos años. Pero los países en desarrollo, y China está entre ellos, exigen dichos fondos y la transmisión de nueva tecnología para limitar sus emisiones.

Para tratar de llegar a un acuerdo con Estados Unidos, la Unión Europea propuso la idea del alcanzar otro acuerdo que sustituya a Kioto, pero el G-77 se niega en rotundo a aceptar esto. Kamel Djemouai, portavoz del G-77 afirmó que “esto supondría la muerte de Kioto, el único documento legalmente vinculante que existe. El próximo tratado deberá ser ratificado y hasta que entre en vigor, pasarán más de los siete años que se tardaron con Kioto". Y es que el Protocolo de Kioto es el único acuerdo internacional que obliga a los países ricos a reducir sus emisiones, y es a lo que se agarra el G-77 para evitar que los países desarrollados traten de eludir sus responsabilidades. Sin embargo, la posibilidad de que el resto de países se sumen a Kioto ni siquiera se ha contemplado. "No firmaremos Kioto ni nada que sea igual pero con otro nombre", dejó claro el enviado de Obama, Todd Stern.

Mientras, las organizaciones ecologistas se muestran bastante pesimistas. "El país más rico del mundo y responsable de las mayores emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de la historia está provocando un serio retraso y una caída en espiral en las negociaciones de Naciones Unidas sobre el clima", afirma Greenpeace.  "Si Obama no pone nuevos objetivos de reducción de emisiones y nueva financiación a largo plazo sobre la mesa esta semana, será recordado como el líder que provocó el fracaso de Copenhague y que garantizó el caos climático", declaró Damon Moglen, responsable de la campaña Cambio climático de Greenpeace EEUU.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El caos económico español

Standard & Poors cambia su calificación de la economía española de “estable” a “negativa”. El Gobierno le resta credibilidad y afirma que el crecimiento será “inminente”. ¿Quién tiene razón?
La pasada semana, la agencia de calificación Standard & Poors rebajó su perspectiva para España de “estable” a “negativa”, y amenazó con rebajar el rating crediticio español nuevamente. S&P, que hace un año excluyó a nuestro país del índice de países con la máxima calificación crediticia, al rebajarla de AAA a AA+, estima que la deuda pública de España en 2010 alcanzará el 67% del PIB. Además, la agencia norteamericana estima que nuestra economía tardará más que el resto de las europeas en salir de la recesión debido al “elevado endeudamiento del sector privado y a la inflexibilidad de su mercado laboral”, lo que se traducirá en una disminución de los fondos públicos. 
Las consecuencias no se han hecho esperar. "Los 2.087 millones de euros de bonos emitidos por el Estado han costado alrededor de 10 millones de euros más por el aumento del diferencial con el bono alemán que provocó la noticia [de Standard & Poors]", asegura Julián Benavente, analista de mercado de Capital Market. Este anunció también golpeó con fuerza a la Bolsa española. El Ibex 35 sufrió una caída del 2.27%, mucho mayor que el resto de parqués europeos, sólo superada por el descenso de Grecia, a quien Standard & Poors ya rebajó recientemente su calificación a A-. Así pues, nuestra economía tiene ahora mayores semejanzas con la griega que con el resto de las potencias europeas.
Sin embargo, las otras dos agencias que realizan análisis económicos, Fitch y Moody's, mantienen a España con la máxima calificación. Aunque Moody´s reconoce que varios países sufrirán dificultades fiscales "durante años", afirma que no existe una "amenaza inmediata" para la nota de la deuda pública de los países calificados con 'AAA', entre los que se encuentra España.
Para José Manuel González Páramo, miembro del comité ejecutivo del Banco Central Europeo, el informe de S&P “es difícil de rebatir”. Además, considera que este informe puede justificar la repentina caída de los mercados financieros, que han castigado a España más que al resto de países europeos. “Es normal que cuando una agencia emite un informe como el de ayer sobre España los mercados revisen sus posiciones".
Pero el Gobierno español discrepa con Standard & Poors. "Hay variables que no explican mucho esta decisión", afirman desde el Ministerio de Economía. Y es que las agencias de rating no siempre aciertan. Es necesario recordar que el banco de inversión americano Lehman Brothers se hundió a pesar de tener la máxima calificación. Y las hipotecas subprime se extendieron como la espuma gracias a que gozaban de la mejor nota. Y también sabemos lo que ocurrió después.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó al presentar su Informe Económico de 2009 que “el tren del crecimiento está muy próximo y si aplicamos con rigor todas las reformas en marcha, este tren aumentará su velocidad hasta adquirir la necesaria para la recuperar la creación de empleo”. El presidente resta credibilidad al informe de S&P y afirma que las medidas llevadas a cabo con el Plan E han ayudado a que el paro creciera un 2% menos, situándose en el 17,9% en lugar de superar el 20% como se esperaba. En su opinión, esto ha permitido salvar el empleo de unas 460.000 personas.
El informe del presidente manifiesta que la economía mundial comenzó a sufrir graves desequilibrios desde mediados de 2008. Por aquellas fechas, Zapatero negaba la crisis y afirmaba que estábamos atravesando un periodo de “suave desaceleración”. Sin embargo, la previsión de Zapatero contrasta con la que hace un mes hizo la ministra de Economía, Elena Salgado, quien predijo que hasta finales de 2010 no se alcanzará el crecimiento del empleo en un nuestro país. Es decir, que nos queda otro año de crisis, mientras que el resto de países europeos ya han salido de la recesión y comenzarán en breve a crecer.
Entonces, ahora ¿qué datos son los verdaderos? ¿Quién tiene razón? Porque, si bien es cierto que las agencias de calificación no siempre aciertan, no podemos comenzar a crecer ya si hasta finales de 2010 no comenzaremos a crear empleo. Porque la creación de empleo sí que es un indicador fiable de la recuperación económica. Eso es lo único cierto.
La Comisión Europea estima que en 2010 la eurozona registrará datos positivos, salvo España e Irlanda. Sólo Letonia, Lituania y Bulgaria tardarán tanto como España en recuperarse, advierte Bruselas. Además, es previsible que el BCE suba el año que viene los tipos de interés, lo que dificultará la recuperación. Para evitarlo, Rodríguez Zapatero tratará de convencer al resto de líderes europeos de la necesidad de mantener los planes de estímulo durante la presidencia española de la UE, que comienza en enero. Pero algunos de ellos preferirán retirarlos ya y comenzar a reducir su deuda, ya que comenzarán a crecer antes que nosotros…
INFORMACIÓN UTILIZADA
-El Gobierno cree que "no hay motivos para la preocupación" tras la advertencia de S&P. Expansión, 09-12-2009.
-La economía española seguirá registrando descensos del PIB en 2010, según S&P
- S&P amenaza de nuevo el rating de España y dispara la prima de riesgo. Expansión, 09-12-2009.
-La OCDE afirma que España sigue en la senda de la recuperación. El País, 11/12/2009.
-La opinión de Standard and Poor's cuesta a España diez millones. Público, 11/12/2009
-Por qué el déficit es una bendición. Público, 11/12/2009
-¿Crecerá el PIB en el último trimestre del año? El Mundo, 25/11/2009
-Falta de realismo. El País, 12/12/2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

Contra la censura en la Red

Me uno al Manifiesto En defensa de los derechos fundamentales en Internet, al que ya se han adherido más de 55.000 blogs en España, además de periodistas y profesionales de la Red. El Gobierno no puede anteponer los derechos de autor a los derechos fundamentales de los ciudadanos. La creación de "una policía en Internet"y la posibilidad de cerrrar páginas sin necesidad de orden judicial supone un claro recorte de nuestros derechos. Y no debemos permitirlo. Añado el Manifiesto:

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Wall Street y la gestión de la crisis en Estados Unidos


Mucho se ha hablado de la crisis financiera y de sus consecuencias, pero apenas nada de sus causas. ¿Dónde están los culpables?
18 de septiembre de 2008. Lehman Brothers, uno de los mayores bancos de inversión de Estados Unidos, se iba a la quiebra ahogado por las hipotecas basura. Es el momento que mejor simboliza una crisis que aún nos continúa azotando. La caída de Lehman también dejó en evidencia que la enorme burbuja financiera había estallado y estaba comenzando a salpicar a otros, como AIG o Bank of America, que ya habían comenzado a tambalearse. El Gobierno consideraba que había bancos “demasiado grandes para hundirse” ya que se provocaría un caos financiero en el país, por lo que acudió en auxilio de la banca. Entre las numerosas instituciones que acudieron al fondo de 491.000 millones de euros aportado por Washington se encontraban los seis grandes bancos de Wall Street: Goldman Sachs, JP Morgan Chase,  Morgan Stanley Citigroup, Bank of America y Wells Fargo. De esta manera, el ejecutivo confundía rescatar a los bancos con rescatar a los banqueros y a los accionistas.

Pero, ¿quién tiene la culpa de esta grave situación? Sin citar a nadie, el presidente Obama afirmó en los inicios de su mandato que la “codicia e irresponsabilidad por parte de algunos” habían dejado la economía norteamericana –y mundial, añadiría yo- en una situación “muy debilitada”.
Aunque las autoridades también tuvieron parte de la culpa. La Casa Blanca y la Reserva Federal también habían alentado prácticas poco éticas. Según Paul Krugman, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, expuso en un discurso antes de la crisis lo que para él eran algunos ejemplos de innovación financiera: las tarjetas de crédito (algo inventado hace años) y las hipotecas subprime (“no me lo invento”, afirma Krugman). Eran productos innovadores que fomentaban la competitividad y que, por tanto, justificaban las gigantescas primas de los ejecutivos. Nada más lejos de la realidad.

Alan Greenspan, Ben Bernake y George Bush.

Según The New York Times, “la política inmobiliaria de la Administración Bush y su estrategia no intervencionista en lo referente a la reglamentación fomentaron unos criterios de préstamo laxos”. En 2002, Bush anunció en Atlanta un plan para elevar a 5.5 millones el número de propietarios de vivienda entre las minorías. “Tener casa propia forma parte de la seguridad económica”, afirmó incluso. Aprovechando el boom inmobiliario promovido por la Casa Blanca, y con el único objetivo de maximizar sus primas, los banqueros colocaron hipotecas a todo el mundo. Los préstamos de dudoso cobro se convertían en activos tóxicos que estos iban acumulando sin saberlo. Y las enormes remuneraciones que recibían eran, según los altos ejecutivos, la recompensa a la creatividad y la innovación financiera. En marzo de 2007, Jason Thomas, el analista económico de Bush, advertía al presidente de que el coste de las hipotecas crecía muy por encima del de los alquileres, lo que ponía de manifiesto que los precios de la vivienda estaban inflados. Los bancos comenzaron a darse cuenta de que el valor de sus activos financieros era irreal, lo que desató una tormenta que hizo desaparecer el crédito.
Ahora, la economía norteamericana está comenzando a despegar gracias a las enormes cantidades inyectadas en el sistema económico. Según el economista y Premio Nobel Joseph Stiglitz, ahora estas empresas (los bancos) “si hacen grandes apuestas y ganan, se largan con la recaudación; si les salen mal, el Gobierno paga la cuenta”. Por ello, el congreso y el nuevo Gobierno de Obama han puesto en el punto de mira a las instituciones que fueron rescatadas, con el objetivo de poner fin a las grandiosas primas que obtienen los altos ejecutivos de las entidades bancarias mientras estas se mantienen a flote gracias a las ayudas del Gobierno. Recientemente, la Cámara de Representantes aprobó una ley para poner coto a estas prácticas en las entidades que han recibido ayudas públicas. Ahora falta que el Senado ratifique esta norma, a la que se opusieron una buena parte de los republicanos.
Batiendo los records de 2007
Y la mejora que está experimentando la economía de EEUU justifica, según los banqueros, la vuelta a las primas. Los grandes de la banca, carentes de ética, desean volver cuanto antes a la situación del pasado. Un estudio elaborado por el inglés Insitute for Public Policy Research (IPPR) afirma que la rápida vuelta a la "cultura de las primas" para los directivos de la banca demuestra que la reforma en el sector ha sido "muy limitada". A pesar de que su rentabilidad lograda es ficticia y se basa en las ayudas otorgadas por el Gobierno, los seis grandes bancos de EEUU (Goldman Sachs, JP Morgan Chase,  Morgan Stanley Citigroup, Bank of America y Wells Fargo) ya tienen puestos en reserva 52.000 millones de euros para pagar a sus ejecutivos y empleados. Esta cantidad, que incluye sueldos, seguros, pensiones y primas, supone un 20% más que en el primer trimestre de 2008. Para evitar ser controlados, Goldman Sachs, JP Morgan Chase y Morgan Stanley devolvieron las ayudas a principios del pasado verano. El primero de ellos había abandonado su condición de banco de inversión en invierno para poder acceder a los fondos del Gobierno.  Según una investigación de la agencia Bloomberg, estos tres bancos entregarán este año a sus empleados, sólo en bonus, 29.700 millones de dólares (19.800 millones de euros), un 10% más que en 2007, el año en el que se alcanzaron los records de primas.



Otro estudio realizado por The Wall Street Journal a 23 instituciones bancarias, entre las que se encuentran los titanes de Wall Street, afirma que, entre gratificaciones y salarios, los bancos darán a sus directivos 140.000 millones de dólares (unos 94.000 millones de euros). El estudio se basa en datos oficiales del primer semestre de 2009 y en estimaciones proporcionales a un año.
En marzo de este año, desde The New York Times lanzaban la siguiente pregunta: “¿deben los ejecutivos quedarse con sus espléndidas gratificaciones cuando los beneficios que generaban su compensación se han esfumado?”. Los ciudadanos norteamericanos consideran que la vuelta a las prácticas del pasado es algo “terriblemente injusto, especialmente después de haber visto a los bancos desviar los miles de millones destinados a permitirles reactivar el préstamo hacia pagos de primas y dividendos gigantescos”, afirma Stiglitz. El fiscal neoyorquino Andrew Cuomo, que investiga estas prácticas en el sector financiero, considera necesario cambiar el sistema actual de retribuciones. Según un estudio suyo, Citigroup, Merrill Lynch, Bank of America y otras seis grandes entidades pagaron el año pasado 32.600 millones en bonus, mientras recibieron 175.000 millones en fondos públicos.
----------El caso de HP----------
Si hablamos de primas desproporcionadas, el caso más sangrante lo ejemplifica Hewlett-Packard (HP), el gigante mundial de la informática, aunque esta no resultó beneficiada de las ayudas públicas. Su presidente ejecutivo, Mark Hurd, se llevó el pasado año 42 millones de dólares en compensaciones. La empresa, que ha visto crecer sus beneficios en un 15% desde la llegada de Hurd en 2005, considera apropiada la suma por el crecimiento “excepcional y sostenido” que ha experimentado bajo su mando. Sin embargo, desde su llegada se ha eliminado el plan de pensiones para los empleados más jóvenes y se ha despedido a un total de 40.000 personas. Mientras el precio de sus productos no para de subir, lo que sí lo hace es la calidad. La revista especializada PCWorld, tras encuestar a 44.000 lectores, afirmó que  HP cayó a la última posición en confianza y servicios en portátiles e impresoras, y se encuentra también entre las peor consideradas en ordenadores de mesa.