lunes, 20 de agosto de 2012

Lecciones argentinas para la crisis española

En 2001 Argentina sufrió la crisis social y política más grave de su historia, que tuvo como punto culminante el corralito bancario. Ahora es España quien se encuentra en una situación de extrema dificultad. ¿Se parecen las crisis de ambos países? ¿Tenemos algo que aprender de los argentinos? 

Reportaje publicado en Sevilla Report junto a J. Cerero, J. Rodríguez y G. Verdugo



España vive sobresaltada por las deudas. Nunca antes el endeudamiento del Estado y las empresas había provocado una crisis de magnitudes similares a la actual, que ha llevado a la aplicación de medidas dolorosas e, incluso, al replanteamiento del modelo de país. Estábamos acostumbrados a ver cómo este tipo de situaciones golpeaban a los países en desarrollo, pero hoy es Europa la que vive bajo el yugo de la deuda. Tras la caída de Grecia, Irlanda y Portugal, ahora somos los españoles quienes nos encontramos al filo de la navaja por este motivo. Seis argentinos residentes en España cuentan a Sevilla Report su visión de lo que está ocurriendo en el país, tomando como base su experiencia durante aquel corralito. Dicha perspectiva diferente puede ser de utilidad a la hora de comprender y valorar en su justa medida qué está sucediendo aquí.

En América Latina tienen mucha experiencia con situaciones similares a las que vivimos actualmente en España. Algunos países de este continente llevan sufriendo las consecuencias del endeudamiento prácticamente desde su independencia. A partir de ese momento, las deudas sirvieron como excusa para la sangría de los recursos naturales y económicos del continente. En la década de los setenta, las grandes potencias y los organismos internacionales presionaron a los países latinoamericanos para que aplicaran medidas económicas basadas en el neoliberalismo, una ideología nacida en Europa y defendida a ultranza en Estados Unidos. Sostenido por regímenes militares en la mayoría de los casos y con Chile y Argentina como tristes pioneros, este recetario hizo así su entrada en el continente, para ser posteriormente extrapolado al resto del mundo. Las consecuencias fueron desastrosas para las clases populares en todas las latitudes.

Foto: Jonathan Hamner (CC At-NC-SA)

Prácticamente desde su independencia, Argentina ha vivido sometida por las deudas. Las presiones de las grandes potencias y la corrupción política llevaron a un endeudamiento que esclavizó al país para el resto de su historia. En opinión del historiador Norberto Galasso, numerosos mandatarios actuaron "a ambos lados del mostrador", ya que trabajaban para el Estado pero defendían los intereses de sus acreedores. Ante las dificualtades para pagar, las potencias extranjeras llegaron, incluso, a plantearse la posibilidad de "cobrarse por la fuerza" las deudas que Argentina mantenía con la banca occidental, destaca también este autor. 

El último régimen militar que tuvo el país aplicó las recetas económicas neoliberales de los Chicago boys, las cuales fomentaron la especulación financiera y las importaciones, provocando el hundimiento de la industria nacional. Con la ayuda de las potencias extranjeras y los organismos internacionales, se llevó a cabo un proceso premeditado de endeudamiento del Estado y las empresas públicas para que los miembros de la dictadura practicaran la bicicleta financiera, consistente en la reventa de las divisas contratadas y la fuga al exterior de las ganancias logradas. El país también se hizo cargo de deudas ficticias creadas mediante ´autopréstamos´ que las grandes multinacionales concedían a sus filiales y cuyo pago aún siguen reclamando al Estado. También  se asumieron deudas privadas por valor de 23.000 millones de dólares mediante un seguro de cambio creado por el Banco Central. 

En 2002, tras veinte años de investigación, se dictó sentencia a la Causa Olmos, en la cual se determinó que el incremento de la deuda pública durante el régimen militar carecía de “justificación económica, administrativa y financiera”. Además, el fallo judicial llamó la atención sobre el endeudamiento injustificado de las empresas estatales durante la dictadura, aun sin necesitar financiación, la ausencia de registros contables en el Banco Central y las presiones de las grandes potencias y los organismos internacionales.

Juan Manuel Rube

Durante la década de los noventa, los gobiernos de Menem y De la Rúa aplicaron los mandatos del Consenso de Washington, que provocaron el hundimiento industrial, hicieron crecer enormemente la deuda pública y triplicaron el paro y la pobreza. Tras aplicar diversos planes de ajuste suicida, el gobierno tuvo que decretar en diciembre de 2001 el corralito, incautando los ahorros de su población. Millones de argentinos salieron durante meses a la calle al grito de "que se vayan todos", provocando una crisis social y política que se llevó por delante a cinco presidentes en una semana y se cobró la vida de 39 personas.  

Desde comienzos de 2002, el país emprendió un nuevo rumbo económico, iniciado por Eduardo Duhalde y continuado posteriormente por el matrimonio Kirchner. Se puso fin al régimen de convertibilidad, se devaluó la moneda y el país dejó de obedecer los dictados de los organismos financieros y las grandes potencias. Atrás quedaron las políticas de ajuste neoliberal, sustituidas por medidas socialdemócratas enfocadas en el desarrollo de la industria nacional y la reducción de la pobreza y el paro. Con este modelo, el país aumenta constantemente sus exportaciones y obtiene un superávit fiscal que le permite aliviar la deuda pública.  


Mientras, en España se adeudan actualmente unos cuatro billones de euros, de los cuales más de dos corresponden a las empresas y familias, uno a los bancos y el resto al Estado. Dicha situación lastra la financiación de la economía nacional, la cual se encuentra sometida a los vaivenes de la Bolsa. Desde que el Estado, olvidando las necesidades de la población, acudió en auxilio de una banca ahogada por la crisis del ladrillo, nuestro país incurre en un déficit fiscal que nos obliga a endeudarnos continuamente a intereses cada vez más altos para cuadrar las cuentas. 

Los seis argentinos entrevistados por Sevilla Report coinciden en señalar que esta crisis se veía venir, y que sus consecuencias más graves apenas han comenzado a sentirse. En opinión de Ana Seguí, en España las condiciones todavía "tienen margen” para empeorar “si las cosas no se resuelven”. La negativa del Banco Central Europeo (BCE) a comprar deuda pública y así rebajar los intereses de los préstamos obliga al gobierno a ceder ante las presiones de los acreedores, los cuales solicitan el desmontaje y privatización del Estado del Bienestar en nuestro país. Los continuos recortes practicados reducen la capacidad adquisitiva de la población, elevando el paro y la pobreza, en un camino que nos lleva hacia el abismo. Y la experiencia argentina sirve para comprobar que esta senda no conduce a la recuperación, sino todo lo contrario. 



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